lunes, 13 de agosto de 2007

Teorías de conspiración.



Es más fácil de lo que parece; ponerle un nombre a algo y luego borrar su significado en un diez, treinta u ochenta por ciento con desconcertante facilidad. Si eres un perdedor con clase, entonces sabrás que lo que escribo es más que un simple lamento reflexivo… En realidad ya no importa si tú o si alguien más se da la molestia de prestarme atención. Yo sería feliz si el mundo no existiese. Si los bordes que nos contienen se desvanecieran y todo entrase a una fase de unidad continua, sin más vallas que saltar ni más… estados por conocer.

Cuando se es niño es fácil sorprenderse, caerse y levantarse miles de veces. No existe nada realmente grave y peligroso para nuestro segundo presente; nuestros miedos no se han desarrollado lo suficiente como para dificultarnos cualquier salto. Si ahora escribo tan confusamente -o divago en exceso- se debe a mi niñez, a aquella etapa tan desconcertante en la que estuve atrapado por más de 20 años. Y sí, digo atrapado y no inmerso o lo que sea, porque estuve atrapado. Pero hace muchas muchas horas, que siento ser un pedazo de explosión suspendida de una cuerda de hilos de seda.

Me gustaría doblarme en varias partes y meterme entre las hojas de uno de aquellos libros que forman largas pilas en casa y que nunca nadie abre o -siquiera- toca. El silencio es frío, el humo que escapa del cigarrillo es una cerradura que me libera. (Y así no sea coherente lo que digo, puedo imaginar que soy libre, con silencio y todo, ajeno a mis palabras, más lejos de la experiencia; siempre hay drogas alrededor de uno.) La hemoglobina esta congelada.

(Con una pistola le apuntaré al mundo a la cabeza, para que me ame.)

Tengo que poner un punto aparte para no sentir que soy prisionero de lo que voy escribiendo, no quiero tomar un camino. Es como si las líneas escribiesen mis sensaciones; una frase decidiera qué es lo que soy... es como tener sobre mis alas una máscara transparente hecha de afilado aire.

(Quiero profanar mis venas con todas tus drogas y dibujar continentes de profundos y rojos bordes en mi piel.)

Según nuestros padres, nosotros venimos a este mundo como producto del pecado; dios escribe su nombre en las paredes del laberinto y ellos consumen compulsivamente sus productos. Somos culpables cada vez que somos libres.




Si las decisiones fuesen sólo sueños
cualquier camino por el que decidiéramos andar sería siempre correcto.


martes, 24 de julio de 2007

post-humano.


Vamos todos de la mano a sentarnos en el filo del cielo, y miremos desde él la tierra en donde morimos.

Como un sol quemando la perfección del espacio, nuestros nombres son olvidados. Océanos se quiebran detrás de nuestros sedientos hermanos; con el agua hasta las rodillas ya se sienten ahogados… ellos -nuestros hermanos- son como conejos ridículos intentando dejarnos una valiosa moraleja. (Solitarios en coma, con todas sus mentiras arrodillándose frente a nuestra propia cama.)

En una madrugada como esta, yo era un meteorito de estupefacientes colisionando contra la tierra. Una madrugada del 3 590 D.C. sucederá nuevamente lo que ahora sucede, lo que sucedió en aquel punto de espacio y tiempo que ahora cae sobre mi nuca como una pluma afilada fabricada para partir mi columna, solamente.

Algún día, podremos sentarnos en aquel filo capaz de ofrecer el agridulce panorama que los alados reclamamos. No, mis secretos son rabia inconsistente gritando finales que nunca llegan al rescate… Las profecías que narran los muertos, son los enigmas que escribieron los siniestros clavos que nosotros mismos usamos para crucificar cada memoria en nuestro pecho… para luego resucitarla, para luego descerebrarnos la paz… En aspa de molino, tu padre mutila sus callosas manos de arquitecto, en constante primera posición, se hecha una siesta sobre las ruinas en las que convertimos su obsequio al aprender a vivir como él vivió. No me digas hermano, ¡oh!, dios de la culpa. Mis ojos son ventanas cerradas que se abren sólo para cegar mis marcos, mis bordes, mis muros impropios.

Porque mantengo el dedo sobre el botón rojo, soy un héroe; Porque algún día lo presionaré, seré un dios.

Tomen posiciones de ataque mientras tiemblan de pánico, hermanos… las campanas susurran el tiempo a nuestras espaldas. Caminemos de la mano hacia el grito que nos bautizó melodiosamente con dolor e incomprensión. Yo amo, yo odio, yo soy el principio y el fin de las cosas. Y aquel póstumo olor a sepulcro, ata mi destino a una bala llamada nada que al tercer día perforará la cabeza de dios.

(Escucharon todos los cuentos, y durmieron felices por siempre.)

miércoles, 16 de mayo de 2007